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¿Callejón sin salida?

Publicado: 2022-02-12

Hay casi unanimidad en reconocer las limitaciones de Castillo, el cuoteo como práctica de gobierno, ministros que no tienen las condiciones del cargo, agendas oscuras e intereses subalternos que guían las decisiones del núcleo que maneja el país, y asuntos turbios que parecen alcanzar las más altas esferas del poder. Representantes de sectores informales, ilegales, que son ministros, aunque aquí con aliados en el Congreso.

Tener una coalición de gobierno, con las fuerzas políticas que acompañaron la campaña en primera o segunda vuelta, es legítimo. Acuerdos explícitos con programas o iniciativas de gobierno, mejor aún. Dar la lucha interna por tratar de ganar una hegemonía, es válido si se hace con métodos honestos. Pero, los representantes de esas coaliciones deben ser cuadros políticos o técnicos, con biografía, con credenciales para asumir tan alta responsabilidad.

Estos, fueron minoría en los dos primeros gabinetes y han sido renunciados, poniendo en riesgo la salud pública, en el caso más grave y reciente. Pero, a partir del tercer gabinete, no hay agenda de cambio, ni siquiera “caviar”. Se devolvió el MEF a la ortodoxia, se renunció a cualquier alternativa de cambio de lo que se dijo en campaña, o en la segunda vuelta, para ganar las elecciones. Se entrega también la agenda de reformas del Estado, culturales, de orden interno.

No hay agenda de cambio, solo de sobrevivencia. Por eso, dan ministerios a cambio de votos en el Congreso, no importando la calidad de los representantes. La continuidad son los “ministros representantes de la informalidad”, cuyo número y peso relativo en el gabinete, aumenta. Luego “bandazos” en lo que no consideran esencial, como el tema de género o derechos humanos, con ministros de posiciones extremas diferentes que se turnan según las presiones o los guiños a algunos sectores para ganarse su apoyo, o por lo menos el no ataque. Aunque pareciera que nada se considera esencial, ya que no importó por el cuoteo, sacrificar un ministro que era lo mejor que podía presentar el gobierno, y los equipos técnicos de la exitosa vacunación que venían de la administración anterior, que tuvo el tino de darles continuidad.

En resumen, un desastre de gobierno. Por supuesto, hubo oposición desde el comienzo, se acusó de fraude, hubo intentos golpistas del saque. Pero la responsabilidad central es del gobierno y de quien formalmente está a la cabeza, o de quienes realmente toman las decisiones. Algunos exfuncionarios han denunciado el desmadre de la toma de decisiones, hay declaraciones recientes que son discutibles, y debate sobre el momento en que se debieron hacer las denuncias o romper la coalición. Pero, casi nadie discute la gravedad de la crisis actual.

¿Qué hacer?

Algunos señalan que hay que mantener a Castillo, porque la alternativa sería peor. El Congreso intentaría quedarse y sería hacerle el juego a los “golpistas”. Incluso, si hubiera elecciones generales, saldrían las opciones de la derecha y la corrupción, ya que las fuerzas de “izquierda” no alcanzaron la inscripción (tampoco las de “centro”). Solo la tiene Perú libre, y la fracción magisterial está tratando de conseguirla (ambas con ministros en el gabinete).

Otros señalan que es una crisis de régimen, y que no hay gobernabilidad hace varios años. Se requiere por tanto una Asamblea Constituyente y cambios de fondo. Habría que tener, mientras se acumulan fuerzas y se trabaja en las bases, políticas de ”alianza y lucha” o “apoyo crítico”.

Ciertamente, no se puede predecir el futuro. Pero mirar para el costado o avalar lo que ocurre en el gobierno, no parece defendible y es suicida. No se debe pedir peras al olmo. Con lo mostrado hasta ahora, pensar que se iluminará Castillo-ahora que se sacó el sombrero- y tomará buenas decisiones, no parece un supuesto realista. Asumir que los sectores informales o ilegales en el gobierno, permitirán una agenda de cambios, no parece posible. No tienen escrúpulos para poner en riesgo la salud de la población, por lo que están dispuestos a todo por mantener sus agendas ocultas y servir sus intereses subalternos; con cualquier método.

Todo vale. No parece políticamente, ni éticamente válido, apoyar con cualquier modalidad este desastre.

Ya intentaron la pelea desde dentro, las alianzas y apoyo crítico. Vean como les han pagado: despidos por whatsapp, deslealtad, maltrato, puñal por la espalda. Con esos personajes y antecedentes, ¿quieren seguir haciendo alianzas? 2 ministros y una ministra van a revertir la situación? ¡Por favor!

Hay una crisis de partidos, también de los del ”cambio”. Debilidad del movimiento social, desconexión de los partidos (o clubes de amigos), de las necesidades de la población o falta de relación orgánica con los sectores populares. Agendas parciales o temáticas se ponen como centrales, descuidando los problemas estructurales del país. La exclusión, la pobreza, la no satisfacción de necesidades básicas (salud, educación, vivienda, alimentación, agua y desagüe), el uso y abuso de los poderes monopólicos, el centralismo, déficit de inversión en ciencia y tecnología, la falta de diversificación productiva, la baja productividad, la informalidad (hoy con ministerios), la débil presión tributaria que no alcanza para atender las necesidades sociales, la inversión y políticas sociales redistributivas.

Varios de esos puntos se debatieron en las elecciones, algunos se intentaron plasmar en el plan bicentenario, ahora abandonado por el despido de los ministros que la impulsaban. Quedan los del partido de gobierno, representantes del establishment y sectores informales. ¿Alguien cree por ventura que Castillo retomará una agenda de cambios? ¿O los que vieron a los “caviares” como enemigo principal y los sacaron del gabinete? ¿Con esos “cuadros” políticos y técnicos?

Este gobierno que busca sobrevivir, con esas decisiones y políticas, está desarrollando su crisis terminal. ¿Eso quieren sostener? Se irán arrastrados con la caída del gobierno más temprano que tarde. Ya han desprestigiado cualquier opción de cambio por unos cuantos años, las derechas lo presentarán como un fracaso de la izquierda o del progresismo en general.

¿O este es un gobierno del pueblo al que defenderán de los golpistas y llamarán a las masas a movilizarse?

Gabinete de ancha base, gobierno de gabinete y agenda mínima

Se debe buscar la salida de Castillo, utilizando los mecanismos constitucionales disponibles o por la movilización popular. Cada día que pasa, el país de debilita institucionalmente y crea las condiciones para su colapso económico y social.

¿La vacancia es el objetivo de la derecha y sectores que han buscado la sinrazón desde el comienzo?, cierto. ¿Eso anula las nefastas consecuencias de continuar con el gobierno?, definitivamente no. Por tanto, no corresponde ceder al chantaje de sostener el régimen, para no hacerle el juego al ”golpismo”.

Ellos están cumpliendo su trabajo. Han limitado las potestades del Ejecutivo para disolver el Congreso, y lo siguen haciendo con la cuestión de confianza, con el apoyo además del Tribunal Constitucional. Quieren sacar a Castillo y la vicepresidenta, llamar elecciones presidenciales y que se quede el Congreso. Seguramente tienen varios argumentos legales para sustentarlo, y lo intentarán. Pero, es políticamente inaceptable se queden, y habría que movilizarse en las calles para impedirlo. Nuevas elecciones, tendrían que ser para Ejecutivo y Legislativo.

El Congreso buscará evitar cualquier pretexto para cerrarlo, ya ahora muy complicado. Mientras, seguirán con medidas populistas y en la alianza de facto con los representantes de los informales e ilegales, del Ejecutivo. Hay voces de parlamentarios que señalan que se irían todos, y que no comparten esas agendas. Con esos congresistas de diferentes partidos, habría que trabajar una salida ordenada. Pero, solo la presión ciudadana logrará el objetivo.

¿La salida de Castillo, puede crear escenarios complicados?, Por supuesto. Pero, hay que hacerlo y no condenarnos al inmovilismo. El escenario más probable es que renuncie la vicepresidenta, si cumple lo que ha declarado más de una vez. Asume la presidenta del Congreso para convocar elecciones. Si son solo para Ejecutivo, se armaría la pampa y entraríamos a movilizaciones como las que ya hemos tenido, y se tendría que convocar elecciones también para el Congreso sea la actual presidenta o su recambio (si cae en el proceso).

En cualquiera de esos escenarios, sigue siendo válida la fórmula que Castillo no quiso, no supo o no lo dejaron implementar. Gabinete concertado, conversado, de ancha base, gobierno de gabinete o como se le quiera llamar. ¿Sería un caos? No necesariamente. Hemos tenido gobiernos de transición y emergencia exitosos como el de Paniagua, y, recientemente del presidente Sagasti, que comenzó a enfrentar la pandemia, impulsó la reactivación y entregó la banda a su sucesor (aunque no lo dejaron en el Congreso).

Lo primero debe ser aumentar los requisitos y estándares para ocupar puestos de secretaría o asesoría en palacio, y los cargos técnicos en los ministerios hasta el viceministro, hay que evitar repartijas con gente incompetente. Sería ideal sería normas para que nuevos grupos políticos puedan postular, y se produzca la renovación de candidaturas, lo mismo con los partidos con inscripción, mejor si en coaliciones o alianzas. Se podría aprobar la reelección de congresistas y cargos de elección popular, y la restauración del Senado. Los parlamentarios que no completen su mandato, deberían estar habilitados para postular nuevamente.

Se deberían llegar a puntos mínimos de consenso. Continuar con la política para enfrentar la pandemia, si es posible manteniendo los equipos técnicos de salud. Persistir en una política prudente que permita consolidar la reactivación. Impulsar estrategia conjunta e integral para enfrentar la inseguridad ciudadana. Nombrar una comisión del más alto nivel para enfrentar crisis ambiental ocasionada por Repsol. Eso supone dejar de lado los populismos en curso, y medidas que favorecen la informalidad y la ilegalidad.

Se tiene que conversar a todo nivel, para tratar de encontrar una salida ordenada. Mantener a Castillo y el núcleo de confianza que gobierna, no parece una alternativa viable. Si las negociaciones fracasan, hablará la calle. Se están acumulando broncas de lado y lado, que no auguran nada bueno si esto estalla. Cuando salió la juventud, cayó Fujimori, se tumbaron la ley pulpin, la repartija, cayó Merino. Esperemos puedan contribuir a reencauzar la actual crisis. Lamentablemente, no se organizaron ni se convirtieron en actor político como en Chile. Allí comandaron la lucha estudiantil primero, y popular después, y hoy, 10 años más tarde llegaron a la presidencia.


Escrito por

Alan Fairlie Reinoso

Economista y ex-Parlamentario Andino por Perú.


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